スペイン史研究

ESTUDIOS DE HISTORIA DE ESPAÑA

Número 26 (diciembre 2012)

San Juan de Ávila y sus discípulos

por Hiroshi Sakamoto

 

Todavía hay algunos aspectos desconocidos en torno a la figura de San Juan de Ávila. Uno de ellos es que sus discípulos dirigían los alumbrados de la segunda mitad del siglo XVI, es decir, los de Extremadura y Alta Andalucía. La verdad es que algunos estudiosos habían supuesto la conexión entre los discípulos de Ávila y los alumbrados pero no se ha aclarado en estos últimos cincuenta años.

San Juan de Ávila y sus discípulos predicaban por Andalucía y fundaron unos quince colegios. El fruto más brillante de su obra fue la Universidad de Baeza, fundada en 1542, que se convirtió después en el foco de los alumbrados. A ruego de los condes de Feria, Ávila visitó Zafra y Fregenal en 1545 y predicó por tierras de Extremadura. Cuando fray Alonso de la Fuente descubrió los alumbrados en Extremadura en los años 70, Zafra y Fregenal eran el centro de la herejía y la dirigían sus discípulos.

Puesto que no fundó orden religiosa, entre el Maestro y sus discípulos no existía ninguna vinculación jurídica, y, por consiguiente, a la muerte del Maestro en 1569, la escuela empezó a desaparecer. Pero inicialmente, Ávila tenía el plan de fundar una nueva religión. El proyecto había tomado cuerpo en Córdoba hacia 1546 y llegó a tener juntos «más de veinte compañeros en el Alcázar viejo, para principio de una religión que quería fundar».

Pero desistió el plan porque, además del agravamiento de su enfermedad, tuvo la noticia de la Compañía de Jesús, que realizaba lo que él había deseado. No solamente les aconsejaba a sus discípulos que entrasen en la Compañía, sino él mismo lo deseaba. Y trataba de entregar unos colegios que él fundó, incluyendo la Universidad de Baeza.

Sin embargo la mayoría de ellos tenían que permanecer en el siglo junto con el Maestro, debido a que la Compañía cerraba la puerta poco a poco a la entrada de los conversos. Por aquel entonces los jesuitas pasaban por un momento delicado a causa de la grave oposición del arzobispo de Toledo, Juan Martínez Silíceo, intransigente en materia de cristianos nuevos, el cual acusaba a la Compañía de recibir en su seno numerosos conversos.

Además de esta circunstancia, en la década de los años 50, se percibía en la diócesis de Jaén la tendencia de excluir a los cristianos nuevos de las dignidades eclesiásticas ya que el estatuto de limpieza de sangre en la catedral de Jaén fue establecido en 1552. Los discípulos de Ávila, la mayoría de ellos eran conversos, se iban excluyendo de las dignidades eclesiásticas. En esta circunstancia, como no tenían vinculación jurídica, se esforzaron en consolidar la unidad de la escuela avilista a través de la obediencia al Maestro. A la hora de decidir asuntos importantes, ellos siempre le pedían consejo. Esta obediencia absoluta debió de influir sobre la doctrina de los alumbrados: que las beatas obedecieran a sus maestros.

Mientras los alumbrados de Toledo (de los años 20) se han revalorizado, los alumbrados posteriores que dirigían los discípulos de Ávila siguen siendo objeto de reprobación. ¿Por qué? 

Una de las principales finalidades de los estudios de los alumbrados de Toledo reside en borrar la imagen negra fraguada posteriormente. Entre otras divergencias, los alumbrados de Toledo carecen de desviaciones sexuales, arrobos, raptos y milagros que son típicos de los alumbrados posteriores. Por tanto, los alumbrados de Toledo se han revalorizado como reformadores “honestos” ajenos a la demostración de maravillosismo. 

Si comparamos los alumbrados de Extremadura y Alta Andalucía con los de Toledo, la causa de ausencia de conductas sexuales en éstos, hay que buscarla no en la “honestidad sexual”, como a veces suele pensarse, sino en la diferencia de las respectivas sectas. Los alumbrados de Toledo criticaban el sacramento de confesión de ahí que no existiera la relación entre el confesor y la penitente. Por tanto, no debía de existir el peligro de caer en la desviación sexual. 

En los casos de alumbrados posteriores, a las beatas se les exigía obediencia absoluta al maestro espiritual. La obediencia era un medio por el cual conseguir abnegación, y luego, la perfección. La ayuda del maestro era indispensable para la perfección, dado que ellas disfrutaban de la gracia de Dios a través de los sacramentos que administraba el maestro. Si comparamos con los alumbrados de Toledo, el camino de la perfección se hace mucho más fácil con la ayuda del maestro, de manera que muchas beatas de baja extracción social podrían practicarlo. En cambio, la relación íntima entre el maestro y la beata ocasionaba el peligro de caer en la desviación sexual.
En la segunda mitad del siglo XVI, el resaltado papel del confesor como director espiritual facilitaba la penetración del misticismo, mediante la relación personal entre el confesor y la penitente. Esta condición que se detecta en nuestros casos de alumbrados de la segunda mitad del siglo XVI, no existía en la primera mitad del siglo. Y el misticismo lo transmitían los discípulos de San Juan de Ávila.

 

 

La diferencia del estilo de maniobra política entre Fraga y Suárez en la transición española

por Tomonari Nagata

 

En los últimos años del franquismo, además de la reforma política dirigida por Adolfo Suárez, hubo muchos intentos de reforma que no consiguieron el éxito deseado.
Entre los intentos fracasados, la reforma más destacada fue la de Manuel Fraga. En general, los investigadores califican la reforma dirigida por Fraga, como un intento para conservar el régimen franquista. Por eso, según éllos, no tuvo éxito. En cambio, Suárez intentó negociar con la oposición democrática desde el principio para que la democratización se produjera sin dificultad. Los estudiosos opinan que estas medidas de Suárez son las grandes razones por las que pudo lograr la transición a la democracia pacíficamente.

Algunas teorías de la democratización también apoyan lo que ocurrió en España. Es decir, la democratización dirigida por el régimen autoritario se considera una democratización falsa. Aquí, una democratización falsa se refiere a que no tenía intención de ser una verdadera democratización y su meta era reforzar el régimen autoritario. 

Pero no se puede decir que todas las democratizaciones dirigidas por el régimen fueran falsas. Un gobierno autoritario puede completar la democratización. Porque la propia reforma de Suárez fue de esta categoría. Puede decirse que es una leyenda que los protagonistas de la democratización fueran la oposición democrática. 

Tampoco podemos decir que los intentos de democratización que acabaron en fracaso fueran democratizaciones falsas. Porque la democratización es un intento muy difícil de llevar a cabo con éxito, por eso, no podemos decidir si una democratización fue falsa o no solamente por el resultado.

En este artículo, investigaré el tipo de maniobras políticas de Fraga y Suárez en la transición española. 

Fraga, en el cargo de vicepresidente para interior y gobernación en el primer gobierno de la monarquía, dirigió la reforma política. Si resumiéramos la característica de su estilo de maniobra política en una frase sería “una reforma gradual con miles de conversaciones y negociaciones con los protagonistas moderados de dentro y de fuera del régimen”. Fraga conversó, por ejemplo, con Felipe González del PSOE para que le apoyara. En cambio, Fraga no intentó conversar con Santiago Carrillo, del PCE, ni con Blas Piñar, de Fuerza Nueva, porque él decidió que ellos eran radicales. Es decir, Fraga intentó clasificar a los moderados y a los radicales artificialmente y realizar la democratización solo con los moderados.

Pero todos los protagonistas quedaron insatisfechos con su plan. Aunque el estilo de Fraga fue muy democrático, consultando con muchos protagonistas, la velocidad del cambio fue muy lento y la oposición democrática deseaba un cambio radical. También, González no quería que negociara solo con PSOE sino con toda la oposición democrática al completo. Los radicales de dentro del régimen también expresaron su insatisfacción con el plan por haber sido expulsados de la negociación.

El caso de Suárez también fue parecido al de Fraga, dado que éste habló con muchos protagonistas. Pero estas conversaciones fueron como una ceremonia porque Suárez decidió los planes de la reforma principalmente él solo. También, comparando con el caso de Fraga, la velocidad de la reforma dirigida por Suárez fue muy rápida. Porque Suárez intentó la democratización solo a través de la famosa ley llamada Ley para la Reforma Política. Y como esta ley fue promulgada por las Cortes franquistas, la oposición democrática no pudo entrar en el proceso. Es decir, Suárez excluyó a la oposición del proceso democratizador. La oposición no pudo oponerse al estilo de Suárez porque él consiguió un gran apoyo popular por el referendúm de dicha ley.

En suma, muchas conversaciones que Suárez tuvo con la oposición, nunca fueron consultas sobre la reforma política. En cambio, Fraga consultó con muchas personas antes de realizar su plan de reforma. Esta es la gran diferencia entre el estilo de maniobra política de Fraga y de Suárez. Pero si nos fijamos en el resultado de la reforma, como ya hemos visto, Fraga fracasó y Suárez tuvo éxito. En cambio, sobre el estilo de maniobra política, podría decirse que el estilo de Fraga fue mucho más democrático que el de Suárez. Lo que significa ésto es que, para realizar la democratización, no hace falta que el estilo de maniobra politíca sea muy democrático. Porque en la época de la transición, las reglas del juego no estaban maduras, es decir, en la transición, no había un régimen autoritario ni democrático. Tal vez, podría decirse que el estilo de Fraga fue un obstáculo. Este es un fenómeno paradójico que lleva entre la democratización y la política democrática.

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